Pase y llore: “A los desaparecidos, ni los veo ni los oigo”

Ilustración por Mario Flores, síguelo en @mareoflores.

El montaje del informe que presentan nuestros presidentes cada año, desde la época del PRI medieval, es tan ridículo que ya ni siquiera importa lo absurdo (y caro) que resulta. Podemos verlo así: durante varias semanas, la gente cercana al presidente (asesores, coordinadores de asesores, asesores de secretarios y sobre todo, achichincles de asesores, entre otros), anda en friega para encontrar las cifras que más le convengan al gobierno federal; no importa si se trata de algo relacionado con su labor o no tanto. También pueden buscar la mejor forma de disfrazar esas cifras, de distorsionarlas o de plano, modificar los criterios de trabajo durante el año anterior para presentar los datos de la manera que les dé la gana. Y así, cada primero de septiembre, al señor presi le llenan el Palacio Nacional con la gente más lambiscona del país, para que se dedique a decirle (a ella y a las cámaras) lo afortunados que somos por tenerlo.

El miércoles pasado, Peña Nieto presentó su tercer informe. El mayor suspenso consistía en anticipar cómo le iba a hacer para decir que el país está en las mejores manos. Es un decir. La verdad es que a ninguna persona digna de respeto puede haberle emocionado lo que pasara durante su larguísimo, interminable, “mensaje a la nación” o lo que dijeran las líneas de su informe. Pero es solo para dar una idea de lo idiota, y aburridísimo, que resulta el resto del asunto, por contraste.

Vía: VICE (Nota completa →)