Cuando ocurrió lo de los normalistas se rompió el silencio; no volveremos a callar

Aunque la parroquia de San Gerardo, en Iguala, tiene una nave grande y un auditorio al aire libre, los cientos de familiares que se congregan una o dos veces por semana para informar e informarse sobre la búsqueda de más de 500 personas reportadas como desaparecidas en el municipio prefieren reunirse en el sótano.

Con sus pequeñas ventanas y su techo bajo, el sótano ofrece cierta sensación de resguardo. En la organización Hasta Encontrarte, que nació ahí mismo hace un año, ya no se habla en murmullos, como al principio. Pero prevalece el sigilo. La mayoría de sus integrantes, que buscan a uno o a varios familiares, han recibido amenazas de muerte. En esta misma ciudad o en sus comunidades, saben que conviven con los integrantes de los grupos delincuenciales –civiles o policías– que se llevaron a sus seres queridos. De modo que sienten San Gerardo como un puerto seguro. Por lo menos aquí no han pasado ametrallándonos, dice el párroco Óscar Mauricio Prudenciano, pretendiendo ser tranquilizador.

Aunque asegura que las amenazas eran antes; ya no, varias de las víctimas refieren casos recientes de amagos. A una madre que acudió a registrar el caso de su hija en la lista de personas ausentes que lleva la unidad de búsqueda de personas desaparecidas de la PGR, un ex mando policiaco le advirtió: Retira la demanda o te van a quebrar.

Vía: La Jornada (Nota completa →)